El rol de la filosofía en las transformaciones sociales

Esto es una versión del texto que presenté en la UV para un foro organizado por el centro de estudiantes y por Izquierda Autónoma.

El rol de la filosofía en las transformaciones sociales

Buenos días.

Muchas gracias por la invitación y felicitaciones por la instancia. Por el ejercicio de entender nuestras disciplinas en función de las transformaciones sociales. Especialmente en una como la filosofía, cuya práctica —o al menos formación— suele asumirse que está encerrada en la academia… o al menos eso afirma la academia. Desde ya pongo en evidencia mi sesgo: mi interés en la exposición es intentar dar cuentas de esto desde una posición materialista —en el mismo sentido que en “materialista histórico”.

Quizá habría que comenzar con una distinción momentánea. Les pido que por favor me concedan entender, por una parte, la filosofía en como disciplina y, por otra parte, como actividad humana. Por disciplina simplemente quiero decir “arte, facultad o ciencia” —como incluso sale en la RAE. Por actividad humana, como en sentido general cualquier cosa realizada por humanos, de carne y hueso. Ya sea de manera individual o colectiva. Quiero establecer, básicamente, un modo radicalmente secular de entender la filosofía, y no como algo dotado de carácter sacro o con capacidades de otorgar un acceso epistémico privilegiado a la realidad. Muy por el contrario, se trata de entenderla como una actividad humana más.

Como materialistas, preguntar por el rol de cualquier actividad humana exige que sea ubicada en el entramado de relaciones humanas que es la sociedad, cuya organización está en función de las relaciones materiales. Es decir, una actividad humana en sociedad está constreñida —cuando no determinada— por aquellas relaciones establecidas, según como organizamos el modo de producción de las condiciones de vida, tanto social, política como intelectual… y la filosofía no es ninguna excepción. Seguir leyendo

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Ulises y los límites de la astucia

La Odisea es fuente de muchas analogías y consejos de sabiduría, y el regreso de Ulises a Ítaca también tiene un aspecto de viaje interno. De acá es de donde salen el famoso “cantos de sirenas” y el no tanto “entre Caribdis y Escila”. Ulises quien “triunfa gracias a su astucia y su paciencia habla muy bien y miente muy bien cuando es oportuno, y su empresa no es en extremo imposible”. El último héroe antiguo y el primero de los modernos, decía Horkheimer. Uno de sus epítetos era polytropos Odysseús o “Ulises el de las muchas vueltas o muchos trucos”. En circunstancias normales, el viaje de Troya a Ítaca suponía sólo unos cuántos días en un barco mediano… sin embargo a Ulises le tomó diez años. Y es justamente su astucia la que, cuando se convertía en hybris (soberbia), le jugaba en contra. Seguir leyendo

Las mujeres en la historia de la filosofía, por Jacqueline Broad

Los filósofos han estado felices tomando prestado y robando ideas de otros durante siglos. Nos gusta llamarlo “investigación”. En la mayor parte, la práctica de la filosofía tiende a ser colectiva y conversacional y colaborativa. Disfrutamos leer lo que otros han escrito sobre un tema determinado, y nos gusta escuchar lo que los otros tienen que decir, porque gente diferente ve las cosas de manera diferente. Sus comentarios y críticas pueden abrir nuestras mentes a verdades no contempladas, o nos animan a cerrar filas, y fortalecer nuestros argumentos, a la luz de la oposición.

Cara a cara, esta práctica no siempre es para los cobardes ni para quienes no tengan la piel curtida. La naturaleza argumentativa de la disciplina puede ser desafiante para los introvertidos y para quienes tengan una disposición a ser corteses y civilidad humana en común.

Pero lo gracioso es que, a pesar de esta reputación brutal, la filosofía actualmente es bastante inclusiva por su naturaleza.

Para muchos filósofos, no importa si es que sus interlocutores tienen deficiencias en su educación, menos privilegios, menores de edad, o incluso bajo el suelo. (De hecho, suele ser mejor si los combatientes están muertos, no vaya a ser que protesten por malas interpretaciones de sus posiciones.) Todo lo que importa es el libre intercambio de ideas y un espíritu abierto a la indagación.

El pensador del siglo XVII John Locke es un caso: se iba de su camino para conversar con extraños, se nos dice, porque él pensaba que “podrían aprender algo que era útil, sobre todos.”
Pero aquí está mi problema: creo que la disciplina de la filosofía ha sido más bien lenta en reconocer esta historia colaborativa.
Si una persona externa a la disciplina fuese a dar un vistazo a la historia de la filosofía—a alguno de los muchos textos, digamos, en la Historia del Pensamiento Filosófico Occidental—las probabilidades son de que él o ella quedaría completamente en la oscuridad respecto a los aspectos conversacionales y cooperativos de la disciplina.
O peor aún, creo, ella quedaría completamente ignorante respecto a la historia de inclusión de género.

Hasta hace muy poco, la historia de la filosofía se ha centrado en aquellos singulares genios masculinos que publicaron sus grandes tratados, y presentaron sus sorprendentes ideas originales como muchas Atenas completamente maduras surgiendo de la cabeza de Zeus.
Descartse aparentemente nos da la primera teoría moderna de la mente. Hobbes fue el primero en dar luz a la idea de la libertad negativa. Kant fue al primero que se le ocurrió la idea de la autonomía personal.
Descartes mismo declaró una vez que él “no deseo considerar lo que otros han conocido o no conocido.” Y Hobbes del mismo modo afirmó “que si él ha leído tanto como otros hombres, él debiese saber no más que otros hombres.”

Pero creo que estos filósofos probablemente estaban promocionando algo un mito. ¿Obviamente aquellos pensamientos originales no podrían haber surgido completamente desarrollados en sus mentes, no más que una mujer podría haber emergido de la punta de la frente de un dios griego?
Más aún, la evidencia histórica contextual que sobrevive muestra que los mismos hombres trabajaron sus ideas en colaboración—cara a cara, en cartas, en objeciones y respuestas, en tediosos y larguísimos intercambios que entumecían la mente que se expandían durante muchos, muchos años—y, algunas veces, incluso, con mujeres.

Es correcto. La evidencia sugiere que las mujeres siempre han estado haciendo filosofía—siempre han estado allí, escribiendo, discutiendo, objetando, frunciendo, y estremeciéndose—al lado de sus colegas masculinos.

Entonces ¿Por qué hemos sido tan lentos en reconocer su participación? ¿Y cómo se vería la historia de la filosofía si es que las contribuciones de las mujeres estuviesen debidamente reconocidas?

No estoy segura de que hayan respuestas simples a la primera pregunta—eso podría requerir un libro entero. Pero la última es un tema que a yo misma y a un número de mis colegas hemos estado considerando en las últimas décadas pasadas como parte de un Proyecto de Recuperación colectivo, un proyecto para escribir de vuelta a las mujeres filósofas en los libros de historia.

Hemos encontrado que, muchas veces, estas mujeres no suenan muy diferente a sus pares masculinos: usan la misma terminología, discuten los mismos acertijos filosóficos, y algunas veces llegan a las mismas soluciones. Pero hay algo más—una pequeña diferencia de énfasis, creo.
Esto no es sorprendente dada las circunstancias en que estas mujeres escribieron.

Consideren a las mujeres filósofas de la modernidad temprana, tal como Margaret Cavendish, Anne Conway, Damaris Masham, y Mary Astell. Estas damas inglesas se encontraron a sí mismas en situaciones de dependencia financiera de otros, tenían tan sólo una educación limitada, y tenían unos pocos caminos abiertos a ellas respecto a logros y oportunidades. Además tenían que tolerar ciertas prácticas opresivas de su tiempo, y estereotipos perniciosos y sesgos en contra de las mujeres.

Mientras tanto, los caballeros de su época estaban realmente en la cima de la torre, por así decirlo. Estaban todos bien educados; eran abogados, médicos, diplomáticos, catedráticos de universidad, y consejeros políticos. Como resultado, su visión desde arriba era expansiva y universal—podían ver el mundo sociopolítico como un todo y esto se reflejó en su trabajo.
Comparativamente, sus pares mujeres estaban atrapadas en el fondo de la torre—poniendo la lavadora (hablando figurativamente) y dándole a las próximas generaciones unos buenos sermones sobre las reglas de civilidad humana común.

No es sorprendente, que su panorama sobre la vida sea un poco diferente. Su filosofía moral se concentra en las virtudes relacionadas con el otro, humildad, generosidad, y benevolencia desinteresada. Su filosofía política se opone a la esclavitud de la mujer en el matrimonio, y valoran una noción de libertad interna como autogobierno racional. Sus posiciones metafísicas abordan los problemas que surgen de un dualismo estricto entre mente y cuerpo.

Es muy temprano aún para decir si es que estas mujeres practicaron la filosofía “con una voz diferente,” i.e. una con un panorama distintivamente de mujeres o femenino (muchas de sus posiciones morales en realidad se parecen mucho a la de los Estoicos masculinos).
Pero lo que obtenemos es su ‘Visión desde el Suelo’—y yo creo que eso es algo bueno. Como Locke diría, podría enseñarnos algo útil.

Texto original disponible acá. Traducido con permiso de la autora.

El laberinto de la pequeña política

“La pequeña política comprende las cuestiones parciales y cotidianas que se plantean en el interior de una estructura ya establecida, debido a las luchas de preeminencia entre las diversas fracciones de una misma clase política. (…) Es propio de diletantes [aficionados], en cambio, plantear la cuestión de una manera tal que cada elemento de pequeña política deba necesariamente convertirse en problema de gran política, de reorganización radical del Estado. Gramsci

La distinción pequeña/gran política desde el criterio de necesidad me parece iluminador. No se trata de la renuncia en principio a disputar espacios burocráticos, se trata de un asunto de perspectiva. Es decir, qué consideración (y desde donde) se da a la disputa de tales espacios. Considerar necesario, de suyo, la disputa es lo ‘aficionado’: si se entra a los pasillos no es para hacer intriga, es para socavar sus murallas y derrumbarlas. Y es cierto, es necesaria la disputa del Estado y sus razones, pero desde lo abstracto no se puede obtener la necesidad de una determinada maniobra, sólo la consideración real de las fuerzas puestas en juego: ¿quiénes? ¿con quiénes? ¿por quiénes y para quiénes?

Volvamos al asunto de la perspectiva: desde la que nos interesa, el Estado es considerado como resultado de una correlación de fuerzas (clases dominantes vs. clases subalternas). No es un simple aparato abstracto de dominación. Por otra parte, como dijera Marx en una carta, el Estado se encarga de instalar sus razones por doquier en la sociedad y estas no son sino las determinadas por su carácter de clase. Una de las razones para los dominados es hacer pasar por asuntos de la gran política aquellos de la pequeña. Desde desempeorar reformas neoliberales hasta enfocarse en ocupar todos los espacios como “disputables”. ¿En qué consiste esto? Así como la pequeña política es la intriga de los pasillos, estos bien toman la forma de laberintos para las clases populares: haciendo que objetivamente se parcelen sus intereses, desagrega sus demandas, los hace enfrascarse en disputas internas, los relega a ser sumados o marginarse a una autoafirmación identitaria (con mucho abajismo, muchas banderas, mucho lienzos, colectivo, etc.) Historia bien conocida.

Siguiendo con la analogía, quizá muchos dirán que están dispuestos a asaltar los pasillos y ocuparlos, pero ¿cuántos se quedarán atrapados en la intriga? ¿cuántos considerarán que es necesario ir antes a todos los pasillos para luego abrir las puertas al resto? Porque esa es la tragedia del laberinto de estos pasillo. Ahora el minotauro no necesita pasearse amenazador, se formó en política y retórica, probablemente también leyó harto a Laclau, y le basta con provocar que se enfrasquen en la intriga para que ya no deseen salir nunca más de allí.

O semanticismo o revolución y el jugo del Servel

Rosa Luxemburgo y Lenin hablaban de las tareas de la socialdemocracia en contraste con las de Bernstein, de los utópicos, el reformismo en general, etc. Tiempo después ‘socialdemócrata’ fue utilizado siendo asociado justamente a las estrategias propiamente reformistas y colaboracionistas, que iban en desmedro del avance del movimiento obrero, y que buscaron pactar por arriba la mejora de condiciones de variadas capas de la sociedad (en función del capital finalmente). Hoy en día, la socialdemocracia ni si quiera estaría haciendo lo esperable en este sentido de ‘socialdemocracia’: en vez de fortalecer un estado de bienestar, lo desmantelaron; en vez de evitar que el mercado entrara en ciertas áreas de nuestras vidas, lo propiciaron; y así sucesivamente yendo en contra lo que se esperaba que hiciera la socialdemocracia… o quizás no. Seguir leyendo

El mono de paja de la “lucha feminista del primer mundo”

Hace rato está dando vueltas por redes sociales una foto que compara “luchas feministas en el primer mundo” vs. “lucha real”. En las primeras, salen protestas del tipo exigir que para cruzar salga un monito con vestido, derecho a andar sucia con la menstruación (y que no sea juzgada), contra la censura del cuerpo o derecho a que no ser juzgadas por no depilarse. En las segundas, salen unas mujeres kurdas “defendiéndose del estado islámico”.

En filosofía se suele llamar “armar un mono de paja” cuando se representa de manera errónea la postura del contrincante. De este modo se ataca esta representación torcida en vez de la verdadera postura.

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El mono de paja está en asumir que todo el feminismo se reduzca a lo antes mencionado cuando a lo más son su expresión más liberal (o incluso irrelevante, como me parece que lo es el esencialismo biológico de la apología por la menstruación). ¿Por qué no muestran la lucha por el aborto, los casos de “crímenes pasionales” o los tipos de desigualdades en el mundo del trabajo que van desde el tipo de trabajo al que se accede hasta la cantidad de remuneración (y muchísimos más)? Del mismo modo, siendo que gente de izquierda lo ha compartido, ¿por qué no mostrar que la “lucha real” es la de los kurdos armados en contraste con las manifestaciones pacíficas y ciudadanas (hasta con cuerpos pintados) demandando unos simples “derechos sociales”? Porque eso también es una visión retorcida y los argumentos están hace rato sobre la mesa: el modo de operación del capitalismo contemporáneo reconoce un nicho de acumulación en los derechos sociales, los privatiza y encuentra nuevas formas de extracción de valor en desmedro de victorias fruto de la organización de las clases populares. De este modo, avanzar en la recuperación de derechos sociales permite cuestionar el carácter mismo del estado, como algo funcional e instrumentalizado por la burguesía. Estos últimos han ejercido su dominación, en extremo neoliberal, pero con discurso progresista y de izquierda. Véase socialdemocracia en el mundo: Partido Laborista en el Reino Unido, PASOK en Grecia (Syriza a estas alturas así como va), PSOE en España y la Concertación a nuestro caso.

Lo peor es ver gente de izquierda compartiendo esta imagen… como si fuese graciosa (?). Entonces la pregunta a hacerse es, si esto es claramente un mono de paja, es decir, representa torcidamente la postura que busca atacar (a la lucha feminista que se da en el primer mundo) ¿por qué hacerlo? ¿por qué es gracioso? ¿por qué sería la lucha feminista algo a atacar? Sobre esto último, ¿será que incomoda la postura que uno dice poseer? De ser así ¿cuál sería? ¿obstaculiza el progreso de la verdadera lucha por el avance de la clase obrera o los privilegios, sean cuales sean, que posee?

Y ojo, no es decir que la lucha feminista no pueda ser cuestionada como algo que obstaculice las transformaciones sociales, tampoco quiere decir que no sea válido cuestionar la centralidad que pueda tener o no al lado de otras luchas. Esos cuestionamientos tienen que realizarse siempre y no sólo por el feminismo, sino que por todas las luchas, porque no es como que en la izquierda revolucionaria (si quiera en la reformista) tengamos un repertorio de triunfos del cual vanagloriarnos. Considerando todo lo anterior, también cuestionar si más que estar en una relación horizontal, en realidad el feminismo es algo simultáneo, es decir, modificación de una práctica antes que un agregado a modo de apéndice… en fin. Antes que hacer una persecución del correcto comportamiento que debiesen tener las mentalidades progresistas, mejor decirles: déntrese.

Engels y la vieja nueva mayoría

Otra más de Engels en Revolución y Contrarrevolución en Alemania. Veamos qué sucede cuando quienes tiran pinta de demócratas se denominan la renovación de lo viejo y en oposición a la reacción. Esto es en el contexto de fines del siglo XIX, luego de que los diputados de derecha abandonaran la asamblea se quedaron los de izquierda:

. . . la simple deserción de los diputados de la derecha fue suficiente para convertir la vieja minoría en mayoría de la Asamblea. La nueva mayoría, que jamás había soñado antes con obtener esa dicha, aprovechó sus escaños de la oposición para echar peroratas contra la debilidad, la indecisión y la indolencia de la antigua mayoría y de su Regencia imperial. Ahora todos ellos tuvieron que ocupar de pronto el puesto de la vieja mayoría. Ellos tenían que mostrar ahora de qué eran capaces. Naturalmente, su actuación debía ser enérgica, resuelta y activa. Ellos, la flor y nata de Alemania, pronto podrían empujar al senil Regente del imperio y a sus vacilantes ministros, y en el caso de que eso fuera imposible, destituirían, y no podía caber ninguna duda de ello, por la fuerza del derecho soberano del pueblo a ese impotente gobierno y lo reemplazarían con un Comité Ejecutivo enérgico ei nfatigable que aseguraría la salvación de Alemania. ¡Pobrecitos! Su gobernación, si puede llamarse gobernación donde nadie obedece, era más ridícula aun que la de sus predecesores.

La nueva mayoría declaró que, a despecho de todos los obstáculos, la Constitución imperial debía ponerse en práctica y sin demora . . .

La historia termina con que la Asamblea se dejó estar, no continuó quebrando con el orden establecido, las insurrecciones las dejaron estar por su cuenta. Finalmente, la reacción volvió y la asamblea pasó “sin pena ni gloria”.

¡Hasta los nombres se repiten en la farsa de la tragedia!

Engels y la Asamblea Constituyente Prusiana

Engels escribiendo en 1852 sobre la asamblea constituyente Prusiana y quizá también sobre la posible Chilena según el voluntarismo de empujarla por el acto.

La Asamblea Constituyente o, mejor dicho, “la Asamblea elegida con el fin de llegar a un acuerdo con la Corona sobre la Constitución”, y su mayoría compuesta de representantes de los intereses de las clases medias, hacía mucho tiempo que habían perdido la estima del público, ya que por miedo a los elementos más enérgicos de la población, se complicaba en todas las intrigas de la Corte. Confirmó o, mejor dicho, restableció los odiosos privilegios del feudalismo, traicionando así la libertad y los intereses de los campesinos. No fue capaz de redactar una Constitución ni enmendar en modo alguno la legislación general. Se ocupó casi exclusivamente de dar bonitas definiciones teóricas, de meras formalidades y problemas de etiqueta constitucional (…) Además, en la Asamblea no había ninguna mayoría estable y casi siempre decidían los problemas las vacilaciones del “centro” que, inclinándose con sus titubeos tan pronto a la derecha como a la izquierda dio al traste (…). Pero mientras los liberales aquí, al igual que en todos los demás sitios, dejaron perder la ocasión, la Corte reorganizó a sus elementos de fuerza entre la nobleza y la parte más atrasada de la población rural, así como entre el ejército y la burocracia. Después de la caída de Hansemann se formó un gobierno de burócratas y militares, todos reaccionarios recalcitrantes, que, sin embargo, daba a entender que estaba dispuesto a tomar en consideración las reivindicaciones del Parlamento. Y la Asamblea, que se atenía al cómodo principio de que importaban las “medidas, y no los hombres”, toleró que la engañasen tan llanamente que llegó a aplaudir a este Gabinete, en tanto que ella, naturalmente, no dedicaba la menor atención a que este mismo Gabinete iba concentrando y organizando abiertamente las fuerzas contrarrevolucionarias.

(…)

Y aquí, el momento decisivo para la revolución prusiana había llegado en noviembre de 1848; la Asamblea, oficialmente a la cabeza de todos los intereses revolucionarios, no mostró ni un frente robusto, ya que retrocedía ante cada avance del enemigo; y menos aun atacó, ya que optó por no defenderse. . .

Vanguardia o nada: “No nos sigamos matando” por Claudio Aguayo

Texto original de Claudio Aguayo en su blog personal

“Pero ¿en qué consiste el papel de la socialdemocracia sino en ser el “espíritu” que no sólo se cierne sobre el movimiento espontáneo, sino que eleva a este último al nivel de “su programa”? Pues no ha de consistir en seguir arrastrándose a la cola del movimiento, cosa que, en el mejor de los casos, sería inútil para el movimiento y, en el peor de los casos, extremadamente nociva. Pero Rabócheie Dielo no sólo sigue esta “táctica-proceso”, sino que la erige en un principio de modo que sería más justo llamar esta tendencia seguidismo, en vez de llamarla oportunismo. Hay que reconocer por fuerza que quienes están firmemente decididos a seguir el movimiento marchando a la cola están asegurados, en absoluto y para siempre, contra la “aminoración del elemento espontáneo de desarrollo”

Wladimir Lenin, Qué hacer, problemas candentes de nuestro movimiento

El movimiento estudiantil actual parece uno de esos estallidos de furia ciudadana, o “civil” que, pese a su radicalidad aparente y masividad, no encaja en ningún tipo de estructura que haga operar un “sentido”. Los movilizados de hoy somos una fuerza inerte. Cuando Maquiavelo habla en sus discursos sobre la historia de Florencia de los diversos humores (“apetiti diversi”) que componen la República, el pueblo es la pulsión central: lucha entre los que no desean ser dominados y los que desean ser dominar, o entre los “grandes” y los oprimidos, etc. En términos de lo que en el mismo sentido, Spinoza – un seguidor, como se sabe, de la obra de Maquiavelo – llama “multitud”, nosotros podemos decir hoy que esa muchedumbre mounstrosa, que amenaza al poder constantemente, que es su verdadero “estado de guerra potencial” se haya hoy en una situación de peligroso equilibrio frente al Estado, un aparato mucho más organizado y estructurado, con funciones específicas que materializan el poder de determinadas clases. Hoy lo que tenemos, para ser más claros, es un tipo de movilización que, pese a su recurrencia, no adquiere ningún tipo de consistencia. Como se sabe, esa consistencia y esa duración, que hacen posible el tránsito hacia lo que (de forma bastante ambigua) algunos llaman “clase para sí” (o clase consciente), es finalmente la estructuración relativa del pueblo, de las clases en pugna y de las fuerzas sociales que luchan.nonossiganmatando Seguir leyendo

¡Qué la dignidad se haga costumbre!

No puedo sino sentirme vitalmente vinculado con la movilización de los profesores actualmente. Las condiciones en las que el Estado mantiene a los trabajadores de la educación y que ha sido profundizada por los gobiernos de las últimas décadas es deshumanizante. Lo que tienen que pasar durante su vida requiere no sólo de vocación profesional, sino que de una vitalidad imposible.

Pongo el caso de mi madre, profesora de educación básica. Ella proviene de familia no universitaria, que contra viento y marea pudo hacer que las 4 hijas y el hijo pudieran salir adelante. Madre de Martina y yo. Ella tiene un retraso mental y cuyos gastos monetarios sólo son superados por el gasto emocional de sacar adelante una vida con alguien con un nivel de dependencia absoluto. Especialmente en un Estado que ha abandonado a tod-s menos al empresariado. Habiendo dedicado casi que toda su vida profesional hasta ahora en trabajar en la educación pública en escuelas de escasos recursos, si no fuera por ingresos provenientes de otra parte (el padre, que es ingeniero de la UTFSM) ni pensar a lo que los juegos del hambre que es esta sociedad del mercado nos hubiera condenado. Seguir leyendo