De máquinas, computadores y fantasmas

El siguiente texto fue escrito para aparecer en el tríptico previo a una conversación a la que el Cineclub de la Universidad de Chile nos invitó como Gefauch, la cual consistió en el tema de la inteligencia artificial con la primera película del ciclo titulado ‘Filosofía, ciencia y ficción

En un futuro próximo, las redes corporativas alcanzan niveles de desarrollo inimaginados. Los electrones y la luz fluyen a través de todo el universo. Sin embargo, a pesar de la informatización las naciones y los grupos étnicos siguen existiendo.

En el año 2029 la tecnología ha avanzado al punto de que partes humanas pueden reemplazarse con partes cibernéticas. Un cyborg (cybernetic organism), en el mundo de Ghost in the Shell, es una persona que posee un cuerpo en parte o enteramente constituido de prótesis. Parte del progreso en la tecnología ha sido la creación de una forma de encapsulamiento del cerebro que permite generar una interfaz entre la mente y todo tipo de redes, incluyendo Internet. No obstante, es necesario mantener intacto el fantasma (Ghost en inglés), que es responsable de nuestra autoconciencia, memoria, percepción, identidad, etc.

“Filosofía de la mente” se le suele llamar área de la disciplina filosófica que estudia la naturaleza de la mente, los eventos mentales, sus propiedades, su relación (o no) con el cuerpo físico, como es posible la conciencia, la naturaleza de esta, y así sucesivamente. De los variados problemas que trata, los de la identidad y la relación mente-cuerpo están desde sus orígenes. Seguir leyendo

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Aristóteles sobre los ricos y su comportamiento en la polis

Los caracteres inherentes a la riqueza están bien a la vista de todos. <Quienes los tienen> son, en efecto, soberbios y orgullosos por cuanto están hasta cierto punto afectados por la posesión de al riqueza (pues se hallan en la misma actitud de si poseyesen todos los bienes enteramente, ya que la riqueza es como la medida del valor de las demás cosas, por lo que les parece que todo sin excepción puede comprarse con dinero). Son también voluptuosos y petulantes: voluptuosos, por causa del lujo y como muestra de su felicidad; y petulantes hasta groseros, porque todo el mundo acostumbra a ocuparse de lo que ellos desean y admiran y porque ellos mismos creen que los demás envidian lo que <tienen>. Por otra parte, es a la vez muy natural que estén afectados de este modo, puesto que son muchos los que están necesitados de lo que ellos poseen; por lo que viene aquí bien el dicho de Simónides a propósito de los sabios y los ricos, cuando a la mujer de Hierón, que le preguntaba qué era mejor, si ser rico o sabio, le respondió: <<ser rico>> –pues, decía, siempre se ve a los sabios pasar su tiempo a la puerta de los ricos. También se consideran dignos de gobernar, dado que creen estar en posesión de aquello por cuya causa se es merecedor del gobierno. En resumen: el talante del rico es el de un necio afortunado.

Los caracteres de los nuevos ricos se diferencian, empero, de los que lo son de antiguo en cuanto que los nuevos ricos tienen todos los vicios en mayor grado y con mayores defectos (pues el ser nuevo rico es como una ausencia de educación sobre la riqueza). Y en cuanto a las injusticias, cometen no las propias de la maldad, sino las que corresponden a la soberbia y a la falta de control sobre uno mismo: así, por ejemplo, ultrajes y adulterios. (Retórica, 16. II, ‘La Riqueza’ 1390a 32 – 1391a 21)

El laberinto de la pequeña política

“La pequeña política comprende las cuestiones parciales y cotidianas que se plantean en el interior de una estructura ya establecida, debido a las luchas de preeminencia entre las diversas fracciones de una misma clase política. (…) Es propio de diletantes [aficionados], en cambio, plantear la cuestión de una manera tal que cada elemento de pequeña política deba necesariamente convertirse en problema de gran política, de reorganización radical del Estado. Gramsci

La distinción pequeña/gran política desde el criterio de necesidad me parece iluminador. No se trata de la renuncia en principio a disputar espacios burocráticos, se trata de un asunto de perspectiva. Es decir, qué consideración (y desde donde) se da a la disputa de tales espacios. Considerar necesario, de suyo, la disputa es lo ‘aficionado’: si se entra a los pasillos no es para hacer intriga, es para socavar sus murallas y derrumbarlas. Y es cierto, es necesaria la disputa del Estado y sus razones, pero desde lo abstracto no se puede obtener la necesidad de una determinada maniobra, sólo la consideración real de las fuerzas puestas en juego: ¿quiénes? ¿con quiénes? ¿por quiénes y para quiénes?

Volvamos al asunto de la perspectiva: desde la que nos interesa, el Estado es considerado como resultado de una correlación de fuerzas (clases dominantes vs. clases subalternas). No es un simple aparato abstracto de dominación. Por otra parte, como dijera Marx en una carta, el Estado se encarga de instalar sus razones por doquier en la sociedad y estas no son sino las determinadas por su carácter de clase. Una de las razones para los dominados es hacer pasar por asuntos de la gran política aquellos de la pequeña. Desde desempeorar reformas neoliberales hasta enfocarse en ocupar todos los espacios como “disputables”. ¿En qué consiste esto? Así como la pequeña política es la intriga de los pasillos, estos bien toman la forma de laberintos para las clases populares: haciendo que objetivamente se parcelen sus intereses, desagrega sus demandas, los hace enfrascarse en disputas internas, los relega a ser sumados o marginarse a una autoafirmación identitaria (con mucho abajismo, muchas banderas, mucho lienzos, colectivo, etc.) Historia bien conocida.

Siguiendo con la analogía, quizá muchos dirán que están dispuestos a asaltar los pasillos y ocuparlos, pero ¿cuántos se quedarán atrapados en la intriga? ¿cuántos considerarán que es necesario ir antes a todos los pasillos para luego abrir las puertas al resto? Porque esa es la tragedia del laberinto de estos pasillo. Ahora el minotauro no necesita pasearse amenazador, se formó en política y retórica, probablemente también leyó harto a Laclau, y le basta con provocar que se enfrasquen en la intriga para que ya no deseen salir nunca más de allí.

O semanticismo o revolución y el jugo del Servel

Rosa Luxemburgo y Lenin hablaban de las tareas de la socialdemocracia en contraste con las de Bernstein, de los utópicos, el reformismo en general, etc. Tiempo después ‘socialdemócrata’ fue utilizado siendo asociado justamente a las estrategias propiamente reformistas y colaboracionistas, que iban en desmedro del avance del movimiento obrero, y que buscaron pactar por arriba la mejora de condiciones de variadas capas de la sociedad (en función del capital finalmente). Hoy en día, la socialdemocracia ni si quiera estaría haciendo lo esperable en este sentido de ‘socialdemocracia’: en vez de fortalecer un estado de bienestar, lo desmantelaron; en vez de evitar que el mercado entrara en ciertas áreas de nuestras vidas, lo propiciaron; y así sucesivamente yendo en contra lo que se esperaba que hiciera la socialdemocracia… o quizás no. Seguir leyendo