Domesticaciones

Aun considerando lo anterior como correcto uno podría suponer que podría ser ‘domesticado’ incorporándolo a un marco en el cual lo que las palabras signifiquen aún fijan, en un sentido importante, lo que dicen cuando sean dichas. Travis considera dos planes para dicha domesticación:

  1. El primero vuelve sobre la idea de la elipsis. Pero para que esta explicación pueda domesticar los fenómenos, las cosas dichas por lo que (1) es elipsis de, debiesen estas mismas no exhibir variación semántica. ‘Las hojas son verdes bajo la pintura’ aún admite más de una comprensión de qué es ser verde.
  2. El segundo gira en torno a la siguiente idea: lo que las palabras signifiquen determinan lo que éstas dicen. Pero no lo hacen simpliciter. Más bien, lo hacen en tanto son función de otro conjunto de factores, o parámetros, en las enunciaciones de dichas palabras.

El segundo plan es ilustrado por el tratamiento de Frege del tiempo presente. (i) El tiempo referido es siempre el momento de la enunciación. (ii) En donde palabras de tiempo presente son dichas hay un factor –el tiempo en el que fueron dichas –y una función, fijada por lo que las palabras significan, desde los valore de esta hasta el tiempo en el que son dichas: de hecho, la función de identidad. (iii) Por lo tanto, lo que (1) signifique determina una función desde variables en sus enunciaciones a pensamientos expresados en aquellas enunciaciones.

La visión de Frege puede ser generalizada: Lo que algunas palabras digan, o contribuyan a lo que es dicho usándolas, varía a través de enunciaciones de éstas. Donde este es el caso, el significado de las palabras hace dos cosas:

  1. Determina sobre las palabras dichas de qué factores, sobre una enunciación, depende su contribución semántica.
  2. Determina específicamente como su semántica, en una enunciación, depende de estos factores; una función especificable desde los valores de aquellos factores hasta las semánticas que las palabras tendrían si es que fuesen dichas en donde aquellos valores fuesen el caso.

Si fuese verdad, entonces aunque las palabras en (1) puedan decir diferentes cosas en diferentes enunciaciones, lo que signifiquen aún determinarían como estas varían. Lo que interesa saber es que si uno dijera (1) en tales y cuales ocasiones (tanto como que no), ¿qué es lo que estarías diciendo? La pregunta continúa siendo si es que lo que (1) significa provee una respuesta para ello. ¿Hay una función tal que para cada asignación de dichos valores a aquellos parámetros haya una contribución particular que harían inevitablemente las palabras si tales valores obtuviesen? No obstante, hay muchos respectos según los cuales los fenómenos presentes no son como los casos en los cuales el acercamiento de los parámetros pareciera ser prometedor; no es automáticamente sugerido como sucede con ‘yo’, el cual tiene un valor fijado para tal parámetro: el significado de ‘yo’ no fija ninguna función además de aquella contribución (referirse al hablante mismo).

Supongamos que Pía al decir (1) nosotros dijéramos sobre ello, ‘Pía dijo que las hojas de las que ella habló eran, al momento de hablar, verdes.’ Aun así no habríamos dicho que es lo que ella afirmó a menos que nuestro ‘verde’ hiciera alguna contribución definitiva a lo que nosotros dijimos sobre Pía. Si fuesen distintas, entonces lo que dijimos de ella sería falso. La información contenida en los significados de las palabras que ella usó no es suficiente para especificar, sin importar que tan poco informativo, qué hecho (o no-hecho) ella afirmó. No apunta a una función, fijada por el significado, desde enunciaciones de pensamientos expresados en las palabras.

Si considerásemos una oración como un conjunto de símbolos, podríamos incluir las contribuciones semánticas como el tiempo como siendo parte de la oración. Así, la forma generalizada de la oración ‘Las hojas son verde’ dicha en octubre sería distinta a la forma generalizada de la misma frase dicha en septiembre.

Ahora podemos enunciar la siguiente idea de manera correcta: por cada oración generalizada, hay un pensamiento el cual es el pensamiento que ésta expresa. Pero no hay una característica identificable de (1) la cual cuente como símbolo en el tiempo presente, y cuya contribución semántica a la enunciación sea identificable precisamente con el conjunto de propiedades que involucran verdad que (1) tendría si fuese enunciada. Sin importar cuantos símbolos extra sean sumados, en caso de que ejemplifique todos los casos posibles (pervasive), podrá ser utilizada la frase para decir una entre muchas cosas.

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Un comentario en “Domesticaciones

  1. Hernán Pizarro dijo:

    Quizás esto pudiese ser de tu interés

    El concepto de cláusula en las gramáticas del siglo XIX
    Ricardo Escavy Zamora
    Universidad de Murcia. España

    El hecho de que las gramáticas del siglo XIX se ocupen del concepto de cláusula con opiniones al respecto controvertidas, que llegan desde Salvá hasta las gramáticas de comienzos del XX: Benot, Padilla y Pedro Lemus, nos parece altamente interesante desde el punto de vista historiográfico. En primer lugar por entrar en conflicto, no siempre bien aclarado, con los conceptos de oración y oración compuesta, de diferente modo según los distintos autores: Avendaño (1844), G. Herrainz (1870), Millán Orío (1877), Jiménez Aquino (1888), además de los citados. En segundo, porque el hecho de que figure en nuestra tradición, como aduce Lope Blanch, motivo por el cual reivindica su conveniencia, en contra del criterio de Amado Alonso y Henríquez Ureña: ?impropio, injustificado y provocador de confusiones?, no quiere decir que sea suficiente para la justificación historiográfica. A nuestro juicio la inclusión es unas veces mimética; otras, innecesaria en el sentido de A. Alonso. Sin embargo, no se incide en sus posibles orígenes retóricos de donde se importa a las gramáticas, lo que comporta que la aparición del término se muestre en los apartados de prosodia. Simplemente con consultar a Quitiliano, leer a San Isidoro, o a autores más próximos como Beauzée, quedaría más aclarado el problema.

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